martes, 19 de mayo de 2009

Mercurio cromo(el color del infinito) "Blanca Sandino"

I
Como unaherida mal cicatrizada vives en mí.
Como una herida mal cicatrizada.
Como una herida.
MercuroCromo(el color delinfinito)



II
Me preguntaste cuál era el problema
y me detuve. ¿Cómo podía explicar que había doblado
el paisaje como una hoja de papel,
y que desteñido por la lluvia
se había convertido en un borrón
lleno de mariposas muertas? Te sentirías culpable.


III
Tu ausencia curva mis brazos
como el silencioso azul de Marzo
como mis criaturas del rocío
como mis pasos en la niebla
como mis pasos niños
como tus pasos cuando te alejas.


IV
En alguna parte de ese círculo que soy
y recorre mi sangre (a veces con desgana)
se ocultan presagios oscuros como el carbón de hulla.
Trémolos, y cuando me pronuncias
-trémolo-
carbón al rojo vivo.


V
Cierro los ojos al roce (tierno desamparo)
de tu recuerdo en mi alma. Él apaga, estoy segura,
los ecos de tu voz cuando me duermo.
Gris, pienso, gris. Juan Gris, para inmortalizar
este momento, y siento mi alma volviéndose pincel.
Pincel enseñado por tus manos
para pintar infinitos azulmente infinitos.
Mis Infinitos,
mis azulmente infinitos.



VI
¿Sabes?, en algún lugar entre el cielo y la tierra
nuestras almas continúan conversaciones interrumpidas.
¿Qué es la distancia
sino una palabra?



VII
Las aceras, bajo las casas, se sueñan paseadas:
suéñate alma mía, suéñate.


VIII
Lo sé, me lo has dicho con frecuencia: no cambio.
Dices que nunca dejaré de ser una niña
agarrada a sus juegues, a sus nimiedades.
Por eso sigo guardando en mis bolsillos
objetos sin valor: arena, cristales de colores, conchas,
palabras cuyos significados desconozco,
y también un «tequiero» para cuando se te pase el enfado;
no puedo darte la razón en todo:
no es una nimiedad, te lo aseguro, sentirse viva.
Sentirse viva entre tus brazos.



IX
Cuando los párpados caen sobre los ojos
descorren aquel tiempo en que nada era
y el hombre, como un dios,
re-crea la luz en medio de su sueño.
Se hace la luz.
Algo me dice que debería cambiar las dudas porcertezas.




X
La venda se me antoja paisaje nevado.
Sobre él hay una lucha encarnizada.
Finalmente el sol lo tiñe de rojo.
No, no es mágica mi sangre. ¿O sí?



XI
Apartade mí, me digo, me recuerdas a Judas:
siempre mojando tu pan en mi plato
para después traicionarme cuando escribo.
Intuición.


XII
Darme la vuelta a mi mundo
por recalar en aquellos mis puertos preferidos.
De la noche, a la marea baja,
al alba de mí en ti,
sólo un paso: atracar. «Atracar de puntas y con muerto».



XIII
La imagen se difumina
deja de ser exactamente tú.
Entonces me arropo con mi única certeza:
tu voz sobre las otras.
Cenit.


XIV
¿No existe inubicado? Pues así es como me siento
vestida con mi desganada piel
de hacer lo acostumbrado.



XV
Ya sé porqué escribo.
Si no existieses,
te crearía, y tú serías mi protagonista principal.


XVI
Sobre un mundo en cenizas, amor,
me enseñaron tus ojos a
elevarme hasta el conjuro del ser y la palabra.
MercuroCromo (el color del infinito).


Blanca Sandino

domingo, 10 de mayo de 2009

Espera (Aubriel Camila de la Prad)

La lámpara sabe
de noches
con cielos como zanjas

sabe
del desmoronamiento abrupto
de los sueños
de la caída libre
de los naipes sin castillo
de las palabras
que despojan mañanas.

Adentro no hay colores
que te auguren.

A veces ...
tu nombre de arcángel
relampaguea una ilusión de barco,
sólo a veces
(y a veces es muy poco)
los rieles de los sueños
admiten un tren que nunca parte
y una estación que se sacude adioses.

La lámpara sabe
de noches como pozos

aluza ojos y esferas temporales

alucinaciones ciegas:

los trazos de tu sombra
mi contorno

tu manera tibia
de vulnerar mis puertas.

domingo, 3 de mayo de 2009

Sobre la capacidad del verbo( Dolors Alberola)

I



Por ver si el mar cupiera
y cupiera el olvido y la costumbre
y el dolor y la sed y el desengaño
dentro de una palabra y la palabra
contuviera tu nombre. Sólo así
se hace verdad la música y el mundo
no deja de ser sueño. Ahora mismo
he empujado con fuerza cada cosa,
he doblado las calles y ventanas,
he disuelto las guerras tal si fueran
sustancias prohibidas en fronteras
y he borrado la sombra. Solamente
me quedaron los versos que te entrego
y algo de corazón iluminándolos.



II

Aún así, el rezo, la canción o ese grito
que taladra el azul y la medina se alza.
Todo cabe en la voz
y cabe el pensamiento, la mirada rotunda,
el velo que se aísla y nos asila
en unos ojos grama que ya no son posibles.
Y nos caben las manos y el profético
desmentir la tristeza y aún entonces,
desnudos, ante el verso, nos cabe todo amor
y palpamos la sed y de la herrumbre
hacemos colofón y, al fin, corona.



III

Pero se abren en par las cien vocales
que se han ido formando en el silencio
para decir lo cierto que se grita
más allá de los labios y las uñas.
Y se abren de bies las consonantes
y nace de su faz algarabía
y yo me acerco a ti, te voy rozando
e inscrita ya en tu nombre me abro ya
como se abre la luna al universo.



IV

Hay caballos que trotan en la estepa
del silencio que existe entre palabras
y hay leones y tigres y serpientes
que devoran mi mano y dejan secos
mis dedos por que nunca
puedan besar tus labios mis sonidos.
Y existe el animal, que en plena noche,
nos araña los cuerpos, del deseo.



V

Mas por si el mar cupiese,
por si la muerte abierta no tuviera más alas,
por si la luz ya fuera palabra, fuego, incendio,
por si pudiera ser, por si las cosas,
por si el tiempo o las olas, por si el aire,
por si tú mismo, a veces, por si ahora,
por si la llaga no, por si no el negro
corazón que se cierra….

Sólo todo, metiéndolo en la voz,
por si no hubiera
ni Dios ni soledad ni cielo, infierno,
haber vivido todo en un poema.

martes, 21 de abril de 2009

Obama (Esteban Granado)

No votarán en blanco los poetas cabizbajos del Bronx,
por una vez, no votarán en blanco, como han votado siempre,
también cuando dejaba de importarles el nombre de la bestia
y evitaban las urnas transparentes, y los espejos líquidos
de las televisiones, y los diarios demócratas, y el cine,
devotos de una forma de justicia poética distante
del afamado trébol que establece la suerte de los débiles.

Ha sido derrotado en la batalla, pero vive en las calles.
Jim Craw sigue campando por su infamia en las calles desiertas
de los pulcros suburbios que rodean el centro de las urbes,
en una mano el látigo candente, una Biblia en la otra,
arcángel mercurial que se dijera tronchando el Paraíso,
levitando en el aire envenenado, en la nube de smog
que retuerce el gaznate de las sombras caídas en desgracia.

Al sur del Polo Norte, el sur en guerra, de Boston a Miami.
De Vietnam en Vietnam, atiborrándose de niños en peligro,
de ciudades y aldeas miserables ahogadas en la piedra,
El Hacha Cautelar -arma homicida de todos los imperios-,
luz que frecuenta hogares sin retorno, desesperada luz
que avanza entre amapolas verticales y panteones rubios
para morir de éxito en la noche completa de los hombres.

Ningún poeta pierde la memoria, ni dedica canciones
al genio americano, ninguno exalta la gesta innecesaria,
la sanción inhumana, la barbarie del Cuerpo de Marines.
Prefieren contemplar el heroísmo de los críos descalzos
que deambulan con sus cicatrices por entre los escombros,
sobrecogerse ante la flor marchita de los viejos mercados
o recitar con alma el verso muerto que exige la cordura.

Prefieren escuchar a Nasir Jones (‘...ten years in the game...’)
y escribir sobre el agua sus pequeños capítulos de gloria,
o componer baladas imprevistas, odas a la vergüenza,
poemas a bocados, dentelladas, tragaderas y fauces,
letras universales que revuelven la impura sopa Campbell
de los seres felices, con sus máquinas ebrias de poder
y sus atolondrados rascacielos que irritan a los dioses.

No votarán en blanco los poetas efímeros de Harlem
(¡ni el rabino de Brooklyn!), ni siquiera las muchachas neumáticas
que investigan la rima en los jardines agónicos de Queens.
Publicarán artículos de impacto en las sucias paredes
e irán a ver las últimas películas del cine independiente
con una gran sonrisa candorosa crujiendo entre los labios
y la satisfacción de ser un pueblo al mando de sus sueños.

lunes, 20 de abril de 2009

El mito de Bronwyn (Dolors Alberola)

Eran las eras grises mensajeras
eran las mensajeras de las eras,
eran las mensajeras de las horas,
eran ya sin mensajelas auroras.

J. E. Cirlot




¿No veis esa mujer que vuelve de las aguas,
que rebrota del mar y nada tiene
sino un verso de luz, posado en las dos manos?
¿Y no sabéis del mito de ella, purificada,
descompuesta en el fuego de la vida,
dando a beber al hombre de su boca,
navegando en el círculo, donde las aves son
pensamientos del otro que descansa?

Ya a nada tendrá miedo.
Ha regresado, muerta, del silencio,
ha venido a la vida de las algas,
envuelta de naufragios, oxidada,
con los corales rotos y la faz toda blanca
-lleva un verso en sus manos, no lo olvides-.

Descalza, va bajando las corrientes,
olvidando ese agua que la deshizo, vuelve
con la mirada fija en un bramante
territorio de amor. Retorna enarenada,
con su velamen yerto,
su cabellera espesa y sus jardines
rebrotados de cieno y violetas.

Con la cabeza erguida cruza por la ciudad,
que es ahora naufragio
del mar que la devuelve. Sabe que ella, la sola,
la muchacha palmípeda, la gris alada, siempre,
conquistará la luz de la mañana
para tornarla –azul- en noche amanecida
y amarrar en la quilla de ese buque
y elevar, contra él, su mascarón
de terrible madera que lo abrase,
lo detenga en el mar
de la corriente sorda de las cosas
y le haga brotar
un magma incandescente y el amor
vaya siempre a deriva de sus horas.

Ella, la tan sumisa al miedo,
se libera de él,
porque el amor la vuelca y la contiene,
porque el amor la incendia y ya no hay mar
donde apagar el fuego,
porque el amor le dona un nombre diferente
y ya no es Alfonsina,
sino María, viva –muerta, en otro, de amor-:
María Celeste.
María enaltecida entre la sombra,
María en esa casa
donde Pablo guardara sus mil llaves
-transformadas en una, que la abre-,
María de la furia ya entregada,
disminuida, rota,
desnuda ante los pies de ese marino
que dejara Cernuda en su silencio,
buscando, tal Leonor, la pluma del poeta,
irrumpiendo en la sal de la sorpresa,
no mirando hacia atrás, sino hacia él, sólo,
con esa ventolera
descabellada y loca del amor.
Girando, locamente, como brújula
y el tiempo ya hechizado en su quietud:
porque todo retorna, con él, a ser posible.

Todo renace así,
debajo de las aguas de las nubes.

viernes, 17 de abril de 2009

Nocturno (Carmen Iglesia)

Por las noches me mudo a tu garganta.
Abandono la tierra que sostiene mis pies
y busco la saliva que construye tu boca.

Y entonces me hago líquida.

O de arroz, como el hambre que se come a los niños,
huérfana en el ombligo de la luna.

Tan plena de deseo,
tan amplia y tan redonda como el beso de un ángel.

Existo sin materia,
agarrada al lugar que me prestaron,

como si dependiera de este cuerpo la luz.

Tan fértil siendo oscura.

miércoles, 15 de abril de 2009

Estío (Francisco Caro)

Fui con padre, llevado de su mano,
a un tramo más al norte, curso arriba
de octubre y el molino, serio, iba
el silencio con él

fue el verano
un estío excesivo, seco, llano,
subíamos el cauce, piedra viva;
buscaba la callada, la cautiva,
tristeza de su ayer republicano

fue sospecha que tropas ya vencidas
arrojaron fusiles y los sueños
al fondo de las aguas

luego hallamos
en verdín unas armas sorprendidas:
nosotros -dijo entonces- somos dueños
sólo de las derrotas que callamos.

(De Desnudo de pronombre)